Field Dispatch
Jardín de Tequisquiapan: Tradición y vida de barrio en San Luis Potosí
Sobre este episodio
El Jardín de Tequisquiapan es un punto clave en la vida cotidiana de San Luis Potosí. María Luisa Alvarado Orozco nos comparte su historia y su identidad barrial.
Narración: María Luisa Alvarado Orozco
Música: Kevin MacLeod
Un episodio que conecta con la esencia de los barrios potosinos. #SanLuisPotosí #BarriosDeMéxico #Historia
0:00 Hay historias que caminan, pero también hay espacios que enseñan a caminar, lugares donde el tiempo parece avanzar despacio y permite que la vida transcurra con calma entre árboles, bancas y conversaciones interminables. Soy María Luisa Alvarado Orozco y hoy los invito a recorrer un jardín de San Luis Potosí. Que con el paso de los años se volvió indispensable para generaciones enteras, un espacio que no sólo se visita, se convierte en costumbre en tradición y finalmente en parte de quienes somos antes de los árboles del bullicio dominical, ese espacio fué Tierra húmeda fué huerta.
0:54 Fue un territorio lleno de agua. El barrio de Tequisquiapan nació a finales del siglo 16, alrededor de 1597, sobre antiguos asentamientos guachichiles, después llegaron familias tlaxcaltecas que encontraron en la zona un suelo fértil y abundante en manantiales, por eso el nombre de Tequisquiapan. De origen náhuatl, alude al tequesquite y al agua, elementos que definieron la identidad del lugar desde sus primeros años. Durante siglos, tequis fue una zona tranquila, casi rural. Ahí crecían hortalizas que abastecían a la ciudad naciente.
1:46 La gente caminaba entre acequias, huertas y caminos de Tierra. Era un espacio donde San Luis Potosí parecía respirar con más calma. Con el paso del tiempo la ciudad comenzó expandirse. Entonces ocurrió algo curioso, las familias eligieron tekis para construir sus casas de descanso. Surgieron quintas, jardines privados y casonas que más tarde darían al barrio un aire distinguido. Incluso el tranvía, primero de caballos y después eléctrico, pero el jardín como tal, comenzó a tomar forma hacia finales del siglo 19.
2:34 En 1891, un grupo de arquitectos, entre ellos Blases Contría, recibió la encomienda de mejorar 3 plazas importantes de la ciudad. Una de ellas fue la plazuela de Tequisquiapan. Aquella intervención urbana marcó el inicio del jardín que hoy conocemos. Años después, en 1902, se erigió un monumento a José María Morelos en la esquina suroeste del jardín, cerca de lo que hoy es la avenida Venustiano Carranza. El espacio comenzó a consolidarse como punto de encuentro social. La gente acudía a conversar, a pasear y sobre todo a observar la vida pasar.
3:28 El jardín tuvo varios nombres, plazuela de Tequis, jardín de Arista, jardín Morelos, hasta que finalmente quedó como jardín de tequisquiapa, nombre que aún conserva. Una de las transformaciones más significativas ocurrió en 1948, cuando se inauguró el monumento a la madre, una escultura de mármol realizada por los hermanos Viagi. La figura materna, colocada el 10 de mayo de ese año, se convirtió en uno de los símbolos más entrañables del jardín. Desde entonces, tequis adquirió una personalidad única sobre la calle Carranza, frente al parque de Tequis había una casa comparable a la Casa de la Cultura, que pertenecía en ese momento a Don Luis Díaz de León, Casado con Lupe Echenique.
4:34 Fue tirada para abrir la calle Ignacio Vallarta. Cronistas Potosinos. Han señalado que tequis se volvió el sitio donde las familias aprendieron a salir sin prisa. Algunos recuerdan que los domingos los niños estrenaban zapatos, los jóvenes paseaban alrededor de jardín y las bancas se convertían en espacios de conversación. Había algo distinto en tequis. No se acudía por necesidad, se acudía por costumbre. Y esa costumbre se convirtió en tradición. Hoy el jardín de Tequis sigue siendo uno de los espacios más queridos de San Luis Potosí.
5:18 Los árboles que hoy ofrecen sombra han visto pasar generaciones enteras. Las parejas cambian, los niños crecen, los comerciantes se transforman, pero el jardín permanece, tal vez porque tequis no es solamente un lugar, es una forma. De caminar la ciudad, una forma de mirar el tiempo, un sitio donde San Luis Potosí aprendió que la historia también se construye con pasos tranquilos, se despide de ustedes María Luisa Alvarado Orozco y los esperamos en el siguiente podcast.