Field Dispatch
El Torero de la Niebla | Leyenda de San Luis Potosí
Sobre este episodio
Una leyenda llena de misterio que forma parte de las historias más intrigantes de San Luis Potosí.
Narrado por Luis López Palau.
Música: Kevin MacLeod (incompetech.com)
0:04 Historias caminadas te presenta la leyenda de el torero de la niebla. Soy Marta Carrillo córdova, del colectivo Síncopas. Hoy te contaré que hay plazas que no olvidan y diestros que danzan siempre hasta la muerte en San Luis Potosí. Corría el año de 1815 cuando detrás de la Iglesia del Montecillo. Se alzó la primera plaza formal el siglo 19. Vio multiplicarse esos cosos en la calzada de Guadalupe, en la plazuela de San Juan de Dios y nuevamente en el montecillo, cada una con su historia y su bravura.
0:46 Fue testigo de tardes de Gloria, de sangre, de sol. Hacia los postreros años de aquel siglo nació la constancia. Noble plaza, edificada al norte del Jardín de Santiago. Allí la fiesta brava alcanzó su esplendor más grande, que funcionó hasta que dio cuenta de ella la inundación de 1933. Aguacero traidor y memorable, la borró del mapa, pero no al torero de la niebla. Dicen que aquella inundación dejó flotando no sólo tablones, sino nostalgias. En el corazón de aquel San Luis antiguo, en la vieja plaza de toros, la constancia, orgullo de la ciudad, aún se guardaba la voz del aplauso, del coraje y de la sombra de la sangre.
1:38 Era un lugar que no dormía. Sus gradas murmuraban nombres. La plaza parecía viva. Suspiraba, temblaba, recordaba. Y era entonces cuando él regresaba. Al que llamaban ahora el torero de la niebla. Su figura emergía vestida con un traje de luces que no se apagó nunca, como si la noche misma la hubiese adoptado para alumbrar. El recinto no dejaba huella sobre la arena. Flotaba etéreo, sin peso, como si su cuerpo fuera un pensamiento del viento o un eco de su propia faena. Cuentan que fue el más bravo entre los hombres.
2:23 En una tarde de agosto, bajo un sol que quemaba, enfrentó un toro oscuro como el pecado, un zaíno de cornamenta, hasti negra, corniveleto fiera perfecta bestia salida del sueño de cualquier ganadero de toro bravo. El redondel ardía de pasión y miedo, la multitud rugía, la banda tocaba. Y las botas de tinto pasaban de uno a otro amigo en un brindis de camaradería más que de protocolo típico de las ferias, peñas y tardes taurinas. Mientras el sol y la emoción del ruedo calientan el momento. Empezó la corrida.
3:09 El toro irrumpe en la arena negro y furioso. El capote amarillo y rosa dibujó en el aire un sol girando con temple y riesgo. Las banderillas brillan al sol antes de Clavarse 246 y el toro se crece en su bravura. El torero lo mide, lo espera y en cada pase la plaza contiene el aliento. Pero el toro, en su último momento, encontró el corazón del torero. El silencio cayó sobre la plaza como una lápida. Ni una paloma se atrevió a volar. Su cuerpo fue llevado entre rezos y flores a la enfermería, pero su corazón y su espíritu, dicen los viejos, jamás abandonó la arena.
4:02 Desde entonces. En el mes de agosto, una niebla espesa se cuela entre los portones cerrados de la que fue la constancia. Cubre los tendidos y apaga los colores. La arena se humedece con un extraño rocío rojizo que cae del cielo y en el centro del ruedo se dibuja una sombra danzante, la curva perfecta de una faena que ya no pertenece a los vivos. Los vecinos del barrio aún lo presienten en las madrugadas. El viento se convierte en capote, los faroles titilan como los ojos del toro y un aroma. De habano antiguo, se desliza entre los muros en Día de Muertos.
4:48 La plaza despierta inquieta y los murciélagos giran sobre el redondel como si aplaudieran, algo que está muriendo. A veces, cuando el amanecer se asoma y el sol tocó la piedra vieja, una sombra queda grabada sobre la arena inclinada altiva, saludando a un público invisible. Luego se desvanece dejando tras de sí un silencio que pesa más que el bronce de las estatuas. Los viejos potosinos murmuran que el toro de la niebla no busca redención, sino aplauso, que cada año vuelve a torear su propio recuerdo, no contra aquel toro, sino contra el olvido.
5:34 Y así en la Plaza de San Luis Potosí, donde el eco tiene voz. Cada madrugada de agosto el aire se detiene porque la muerte por unas horas se viste de luces. Por eso dicen en San Luis Potosí, el que desafía la muerte en la arena termina danzando con ella en la eternidad, que hay almas tan orgullosas que ni el sepulcro logra hacerlas callar y que si una noche la niebla baja sobre la plaza y el viento huele a vanos. Tinto y hierro. No mires al ruedo, pues quizá el torero de la niebla vuelva a lidiar.
6:18 Los espero en la próxima entrega, pero esa esa es otra historia. Otra historia caminada, soy Martha Carrillo Córdova.